
Llevaba tiempo cansada, harta de que no la escuchara, de que ya no la prestara atención.
Al principio, seguía sus consejos, le parecían razonables y lógicos, pero después entro en aquella empresa, y en aquel circulo de gente, aquel circulo donde empezó todo, donde sus buenas intenciones fueron deformadas, donde sus acciones, antes meditadas con ella, y que buscaban la moralidad, ahora eran acciones llenas de sangre fría, sin piedad, e incluso rebasando limites legales, pero aquel grupo, sus nuevos jefes y sus nuevos amigos, le habían enseñado a buscar el lado bueno de todo lo que hacia, lo positivo que era bajo su visión hacer todas esas injusticias y ilegalidades. Al principio eran “saltarse unos pequeños tramites”, “acciones que no podían hacerse de otro modo” y “situaciones en las que estaban contra la espada y la pared”, pero poco a poco esas excusas eran menos creíbles, y ella se daba cuenta de cada vez que bajaba otro escalón mas, una escalera en espiral con un fondo oscuro, del cual no se aventuraba a decir donde terminaba. Sabia que podía no llegar a tener limite. Así que se decidió a hacerlo volver, a que fuera de nuevo un hombre normal, honrado y humilde. Que siguiera sus consejos y lo que le decía su corazón, pero no fue posible, su corazón, antes calido y agradable, se había tornado frío y calculador, parecía que ya solo le importaban los beneficios, la gloria, el poder…
Un día, vio como intentaba renegociar por centésima vez con un amable anciano, sobre su desaloje para tirar aquel viejo edificio. El amable anciano Ben le decía siempre lo mismo “Aquí murió mi Margery, y aquí moriré yo y Lucky”, Lucky era su encantadora perrita, que parecía tan vieja o mas que el. Ambos eran los únicos que quedaban en el edificio. El parecía no recordar que Ben había sido su vecino antes de que todo esto cambiara, y que se mudara a aquel sitio tan lujoso e hipócrita. Que habían charlado amigablemente cuando se encontraban mientras Ben paseaba a Lucky, e incluso llego a hacerle algún recado.
Pero eso ya no importaba, solo importaba que ese pobre señor desapareciera de ahí, para que su próximo proyecto saliera adelante: Un gran centro comercial que requería la manzana entera de aquella avenida. Cuando estaban a solas el chillaba y maldecía a Ben, “ese maldito viejo no me deja avanzar” le decía una y otra vez, ella le intentaba decir, asustada por su furia, que no lo viera así, era Ben, un hombre sencillo que quería terminar sus días allí. Y así lo hizo, unos días mas tarde, el contrato a una pandilla del barrio para que irrumpiera en su casa y le dieran su “tan esperado final de una vez”. Ella no dio crédito a todo aquello, tenia que ser una broma, solo querría asustarlo, quiso zarandearlo pidiéndole respuestas y gritar mas alto pero el la silencio. La venda de los ojos no se le cayo hasta el día siguiente cuando le vio leyendo el periódico esbozando una sonrisa triunfal cuando en las paginas de sucesos encontró un articulo que hablaba de otro acto vandálico, en el que habían robado y asesinado brutalmente a un anciano y a su perrita. Ella lloro, lo maldijo, quiso decirle tantas cosas, que no había palabras ni tiempo en el mundo para expresar todo lo que sentía. El sencillamente cerró los ojos y suspiro, antes de levantarse e irse silbando a trabajar. Y ahí fue cuando ella le dejo, cuando no quiso saber mas de el, cuando se dio cuenta de que no pintaba nada allí, y que nunca mas seria necesaria.
Y así fue, como otra conciencia, abandonaba a su dueño, harta de no ser oída, harta de ser ignorada, y se fue a donde estaban las demás conciencias desengañadas, un lugar para su pesar, cada vez más grande.
No hay comentarios:
Publicar un comentario